Hoy la vi, se dio contra una farola y la sangró la nariz. Me acerqué a ver si estaba bien. Pero se fue corriendo. Me dio pena. Ahora nunca querrá hablarme. Y si no vuelve a pasar por allí. La echaré de menos.
Me había comenzado a fijar en ella hacer unas pocas semanas. Pasó frente a mí, y sujetaba un libro entre los brazos, me pareció curioso, ya nadie lee. Intenté mirar el nombre, pero pasó muy deprisa. Desde entonces despertó mi curiosidad. Solía pasar desapercibida. Solía mirar al suelo, y siempre se pasaba de largo. ¿A donde iría? También solía llevar en un moño deshecho su castaño y rizado pelo. Vestía sencillo, vaqueros y camisetas, a veces de llamativos colores, u oscuras, lisas y con diversos estampados... Y sus ojos... nunca los había podido ver, siempre miraban hacía abajo, y además lleva unas gruesas gafas de pasta. Pero no es fea, al contrario, es preciosa, pero se oculta al mundo. O eso siempre me ha parecido.
Si se lo dijese a mis amigos se reirían de mi. Nunca les hablaré de la chica del bus. La había comenzado a llamar así desde hace tiempo...
...La chica del bus...
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